Tres enfermeras de una UCI en Alabama, Estados Unidos, hicieron todo lo posible para cumplir el último deseo de Jeannie Guffey, una paciente de 74 años. La mujer permanecía internada en el Huntsville Hospital y se preparaba para regresar a casa bajo cuidados paliativos. Antes de salir del hospital, expresó a su familia un deseo que para ella era crucial: ser bautizada.
Jeannie había sido diagnosticada con cáncer de pulmón el verano anterior y sabía que le quedaba poco tiempo de vida. Estaba postrada en una habitación del cuarto piso, rodeada de monitores, soportes intravenosos y otros equipos médicos. En esas condiciones, realizar un bautismo por inmersión parecía extremadamente complicado.
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Las enfermeras Erin Powers, Kaitlin Swaim y Emily Owens se negaron a darse por vencidas y comenzaron a buscar una solución. Con su propio dinero compraron una pequeña piscina inflable en Walgreens y consiguieron que fuera entregada al hospital el 8 de julio. La familia llevó una bomba eléctrica y las enfermeras adaptaron tubos de ventilador como una manguera para llenar la piscina con agua tibia.
“Este era un último deseo muy importante para la paciente y su familia, así que teníamos que encontrar una manera”, explicó Emily. Ante una habitación llena de equipos médicos y una paciente gravemente enferma, las trabajadoras tuvieron que improvisar cuidadosamente. “A veces, simplemente tienes que ser innovador”, resumió la enfermera sobre la solución que encontraron.
Cuando todo estuvo preparado, el personal utilizó el sistema de elevación instalado en el techo de la habitación para bajar cuidadosamente a Jeannie al agua. Su hijo adulto, Jody, fue quien realizó el bautismo, mientras su esposo Ronnie y otros familiares permanecían alrededor de la piscina. Una habitación de cuidados intensivos terminó convertida, durante aquellos minutos, en el lugar donde Jeannie pudo cumplir su petición.
Carol Guffey, nuera de Jeannie, describió lo ocurrido como un momento profundamente emotivo para toda la familia. Aseguró que las enfermeras fueron mucho más allá de sus funciones cuando las opciones se estaban agotando. “Verla siendo bautizada fue como si nos hubieran quitado el peso del mundo de encima”, declaró Carol.
Un día después de cumplir su deseo, Jeannie recibió el alta y regresó a su casa en Huntsville para permanecer bajo cuidados paliativos. Allí pasó sus últimos días rodeada de sus seres queridos, después de haber conseguido realizar aquello que había pedido estando todavía en la UCI. Jeannie murió en paz el viernes 17 de julio, apenas unos días después del bautismo.
Para la familia, que aquellas enfermeras estuvieran allí y decidieran apoyar la petición espiritual de Jeannie no fue una simple coincidencia. “Fue totalmente cosa de Dios”, declaró Carol al recordar cómo las trabajadoras hicieron posible algo que parecía prácticamente imposible. También aseguró que esas enfermeras ocuparán para siempre un lugar especial en la memoria de la familia.
Las enfermeras no podían detener el cáncer ni cambiar el duro diagnóstico que Jeannie enfrentaba, pero sí podían respetar aquello que era importante para ella. Gastaron su propio dinero, buscaron alternativas y trabajaron alrededor de las limitaciones de una UCI para que una mujer gravemente enferma pudiera expresar su fe. Su gesto muestra que cuidar a una persona también puede significar reconocer sus convicciones cuando la vida está llegando a su tramo final.
La muerte seguía siendo una realidad dolorosa, pero Jeannie quiso llegar a sus últimos días habiendo cumplido una decisión de fe que consideraba importante. Romanos 6:4 declara: “Porque somos sepultados juntamente con él para muerte por el bautismo”, mostrando el profundo significado espiritual de este acto para el creyente. Su historia deja una reflexión clara: incluso frente a la muerte, la fe puede seguir ocupando un lugar central y la obediencia a Dios no tiene que esperar.