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Madre cristiana llevará a la Corte Suprema el fallo que limita que su hija vaya a la iglesia

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La Corte Suprema Judicial de Maine confirmó por unanimidad este 1 de septiembre una orden de custodia que dejó a Emily Bickford sin autoridad final para decidir sobre la formación  religiosa de su hija de 13 años.La decisión mantiene en manos del padre, Matthew Bradeen, la última palabra sobre la participación de la menor en iglesias, organizaciones  religiosas y determinadas enseñanzas. Liberty Counsel, organización que representa a Bickford, anunció que pedirá a la Corte Suprema de Estados Unidos que revise y revoque el fallo.

La disputa comenzó después de que Bickford empezara a asistir con su hija a Calvary Chapel Greater Portland en 2021, donde la Biblia es enseñada “versículo por versículo, capítulo por capítulo”. Bradeen acudió a los tribunales alegando que la madre tomó decisiones religiosas sin consultarlo, entre ellas actividades de la iglesia y el plan de bautizar a la menor. Bickford, por su parte, sostuvo que el padre estaba intentando impedir que su hija recibiera enseñanza religiosa, asistiera a la iglesia y fuera bautizada.

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Tras audiencias realizadas en 2024, un tribunal de distrito modificó los derechos parentales y concedió a Bradeen autoridad exclusiva sobre la relación de la niña con Calvary Chapel.
Para cualquier otra iglesia, organización o enseñanza religiosa, ambos padres deben investigar y discutir primero si la participación conviene a la menor. Si no llegan a un acuerdo, el padre tiene la decisión final, una medida que permanece vigente tras la sentencia del máximo tribunal de Maine.

Liberty Counsel asegura que, desde diciembre de 2024, Bradeen ha rechazado cada solicitud presentada por Bickford para llevar a su hija a actividades religiosas. Según la organización, durante ese tiempo la madre no ha podido llevarla a una iglesia, estudio bíblico, evento  cristiano ni siquiera a servicios de Navidad o Pascua. “Casi dos años sin nada”, declaró Mat Staver, fundador y presidente de Liberty Counsel, al denunciar las consecuencias de la orden.

Sin embargo, el fallo judicial contiene un contexto clave: el tribunal inferior declaró expresamente que “no ha habido demostración de daño” asociado a un sistema de creencias arraigado en la Biblia. La corte sostuvo que el problema no era simplemente creer en el cielo, el infierno, la salvación o las enseñanzas bíblicas, sino determinadas circunstancias del conflicto entre los padres. Entre ellas señaló la incapacidad de ambos para tomar decisiones religiosas juntos y mensajes que, según el expediente, estaban deteriorando la relación de la niña con su padre.

La sentencia recoge que la menor sufrió ansiedad y ataques de pánico relacionados con mensajes sobre el infierno, la Segunda Venida y la posibilidad de que su padre no estuviera con ella en el cielo. También menciona una oración realizada por el pastor Travis Carey durante un servicio, en presencia de la niña, donde habló públicamente del litigio y describió el caso como un ataque contra la Palabra de Dios. El tribunal consideró especialmente dañino que el conflicto presentara al padre ante la menor como un “enemigo” o alguien que perseguía su fe.

La Corte Suprema de Maine rechazó el argumento de Bickford de que la decisión estuvo contaminada por hostilidad contra el cristianismo.Los jueces afirmaron que el Estado debe mantenerse neutral entre religión y no religión, pero concluyeron que la orden se basó en el interés superior de la menor y no en condenar las creencias cristianas. También aclararon que el tribunal no calificó por sí mismo a Calvary Chapel como una “secta”, sino que ese término apareció al resumir el testimonio de una experta presentada durante el proceso.

El fallo también establece un punto jurídico de enorme importancia: la Corte de Maine concluyó que estos conflictos entre dos padres no deben someterse necesariamente al nivel más estricto de revisión constitucional.Según los magistrados, los tribunales pueden distribuir la autoridad parental utilizando el criterio del “interés superior del niño”, siempre que no favorezcan o castiguen a un progenitor por su  religión. La propia sentencia reconoce que tribunales de otros estados han adoptado criterios diferentes cuando una orden restringe directamente el derecho de un padre a transmitir su fe.

Liberty Counsel considera que esa conclusión amenaza seriamente la libertad  religiosa y los derechos de los padres, y ahora pretende llevar el caso Bickford v. Bradeen ante la Corte Suprema de Estados Unidos.“Esta opinión rechaza el derecho de la Primera Enmienda de una madre apta a criar a su hija conforme a su fe cristiana”, declaró Staver tras conocerse el fallo. Por ahora, la Corte Suprema estadounidense no ha aceptado el caso: Liberty Counsel ha anunciado que presentará una petición para intentar que los magistrados lo revisen.

Este caso deja una seria advertencia: enseñar la Palabra de Dios a los hijos es una responsabilidad que los padres cristianos no deberían tratar como algo secundario, pero tampoco puede convertirse al menor en arma de una guerra entre adultos. La fe debe transmitirse con firmeza, verdad y sabiduría, cuidando el corazón del niño mientras se defiende el derecho de una familia a vivir y enseñar sus convicciones sin que el Estado juzgue la doctrina bíblica por ser bíblica.

Efesios 6:4 recuerda ese equilibrio: “Padres, no provoquéis a ira a vuestros hijos, sino criadlos en disciplina y amonestación del Señor”.

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